El Accor Arena se rinde a la historia: Montpellier y Metz imponen su jerarquía en la Copa de Francia
5 min read
El fin de semana del 23 y 24 de mayo dejó algo muy claro en el Accor Arena de París: en el balonmano francés, las dinastías pesan y mucho. Fue una doble jornada de finales de la Copa de Francia donde vimos cómo el talento, cuando se junta con el hambre de gloria, te pasa por encima. Por un lado, el Montpellier demostrando por qué es un club que parece inmortal en la rama masculina; por el otro, la aplanadora del Metz pisándole los talones en los libros de historia con una exhibición demoledora en la final de mujeres. Es loco pensar cómo el dominio se construye no solo con técnica, sino con una mentalidad casi enfermiza por ganar, algo que ambas instituciones tienen de sobra.
El peso de la camiseta del Montpellier
El sábado, los chicos del Montpellier se mandaron un partidazo para ganarle 27-24 al HBC Nantes, llevándose su decimoquinta Copa de Francia. Es su segundo título al hilo y la corona número 45 en toda la historia del club. Una auténtica locura.
Desde el pitazo inicial salieron con el cuchillo entre los dientes. Bryan Monte abrió la cuenta casi desde el vestuario, apenas al primer minuto, y un globito lleno de viveza de Lucas Plantin terminó de prender la confianza del equipo. Pero si hablamos de figuras, hay que ponerle un marco al arquero Rémi Desbonnet. El tipo estuvo impasable; no solo le tapó un penal de 7 metros al bravo de Valero Rivera, sino que de pasadita agarró el rebote y mandó la pelota directo al arco rival que estaba vacío. Con esa jugada ya estaban 6-4 arriba a los ocho minutos. A partir de ahí, Diego Simonet manejó los hilos del partido a su antojo y, con el aporte goleador de Srna, se fueron al descanso con un cómodo 16-12.
Para el segundo tiempo, el Montpellier pisó a fondo el acelerador. La noche se le vino encima al Nantes cuando Romain Lagarde se ganó su tercera exclusión de dos minutos y terminó viendo la tarjeta roja. Monte olió sangre, no perdonó esos espacios que quedaron libres en la defensa y a punta de bombazos estiró la ventaja a un 21-15. Igual, el Nantes es un equipo terco; intentaron una remontada y con un gol de Nicolas Tournat se pusieron a tiro (22-20) mediando la segunda mitad. Para sumarle dramatismo al asunto, a falta de cuatro minutos el “Chino” Simonet se dobló feo el tobillo izquierdo atacando y tuvo que salir cargado de la cancha.
Ahí, en ese momento donde a muchos les tiemblan las piernas, apareció otra vez San Desbonnet. Le tapó un tiro de 7 metros al Nantes a nada del final, liquidando cualquier rebeldía del rival y rompiéndoles la moral. Ya con el trámite resuelto, Julian Prat clavó el gol de gracia para el 27-24 definitivo, desatando la fiesta del capitán Valentin Porte y toda su mancha.
El profe Eric Mathe estaba feliz: “La defensa no anduvo tan fina al principio, pero mejoró un montón en el segundo tiempo. Me cuadró mucho cómo nos paramos atrás y gracias a eso abrimos la brecha”. Para Mathe, esta Copa tiene un sabor recontra especial porque se bajaron al poderoso PSG en las semifinales y, en el partido definitivo, a un Nantes que venía con una sequía de ocho años. “Es un logro para estar orgullosos, pero ya toca pensar rápido en nuestro siguiente objetivo”, soltó.
Metz y la cacería del récord
Esa mentalidad arrolladora es exactamente la misma que se respiró al día siguiente. El domingo 24, el Metz Handball no quiso ser menos y levantó su decimocuarta Copa de Francia, armando una racha brutal de cinco campeonatos seguidos tras destrozar al JDA Bourgogne Dijon por 33-21. Y acá viene lo picante del asunto: el Metz ya puso la mira en igualar ese récord de 15 títulos que el Montpellier había celebrado la noche anterior. Es una guerra fría por ver quién es el gigante indiscutible del país.
La final de las chicas fue prácticamente un monólogo. Sarah Boukitt inauguró el marcador y, al toque, Lucie Granier facturó para poner un 4-1 tempranero que marcaba la cancha. Sin embargo, la gran protagonista de la primera mitad fue la arquera Johanna Bundsen. La sueca se mandó un primer tiempo alucinante, tapando 11 de 18 tiros. Un muro total. Por más que Adriana Hollejova y Nina Dury intentaron empujar al Dijon, chocar contra la defensa del Metz era irse de cara contra la pared. Se fueron al descanso 13-7 y la cosa ya pintaba para goleada.
El complemento fue una exhibición de superioridad. Chloé Valentini arrancó sumando y, con una Boukitt que estaba intratable en el ataque, la ventaja se volvió escandalosa. Al Dijon se le notó demasiado el desgaste físico de haber ganado la European League la semana anterior, y para rematar su mala suerte, perdieron por lesión a su jugadora clave, Lilou Pintat. En un abrir y cerrar de ojos el marcador se disparó a 21-8 y el partido se acabó ahí mismo.
Con semejante diferencia, el técnico Emmanuel Mayonnade rotó al equipo con una tranquilidad envidiable, dándole minutos a las que venían del banco como Betchaidele Ngombele y Anne Augustine, que respondieron bien. Aunque Nina Dury maquilló un poquito el resultado anotando de 7 metros, el 33-21 final fue totalmente lapidario.
Los números individuales también fueron de locos: Sarah Boukitt se llevó merecidamente el premio a la MVP gracias a sus 12 goles en el partido, mientras que Bundsen cerró su tarde soñada con 14 atajadas y una efectividad del 50%. Una verdadera chamba de primer nivel que neutralizó por completo a sus rivales.
Las declaraciones finales de Mayonnade resumen a la perfección el ADN de esta institución. Tras mostrarse orgulloso del camino recorrido para vencer al Brest y luego al Dijon, lanzó la advertencia que define lo que se viene en el balonmano francés: “Ya llevamos cinco Copas al hilo, y ahora nuestra próxima meta es alcanzar ese récord de 15 títulos del Montpellier”. La mecha está prendida y la próxima temporada promete sacar chispas.